‘Acero de Madrid’ y yeso de Vallecas

HOMENAJE A LA ESCUELA DE VALLECAS: JOSÉ HERRERA PETERE

'Acero de Madrid' y yeso de Vallecas

Jesús López | Vallecasweb
Antes de comenzar con la propia crónica narrativa sobre la defensa de Madrid, el alcarreño José Herrera Petere introduce una pequeña arenga con un elevado tono lírico, fechado a 22 de febrero. Ochenta años más tarde se podría discutir sobre la calidad estilística de un libro que ganó el Premio Nacional de Literatura cuando todo parecía ya perdido.

Evidentemente, la literatura bélica propone un alto voltaje propagandístico entre sus líneas. Por un lado, los personajes son marionetas maniqueas que pululan como autómatas al antojo de su demiurgo, incluso la trama es una pintura puesta al servicio de las ideas en la paleta monocromática de la demagogia. No existe el menor tipo de discrepancia ideológica, ya que está escrita con la urgencia del momento, con la necesidad de levantar la moral de unos milicianos ya maltrechos que se sienten prácticamente derrotados ante el avance de fascismo.El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la
una noche el río pasó, 
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!Elevar juicios de valor estético sobre el talento artístico del autor del “Ay, Carmela” con una mirada actual parece una auténtica pérdida de tiempo. Cada obra es hija del momento que la vio nacer; por lo tanto, no debe generar ningún tipo de discusión la entrega de ese galardón a la novela épica de Petere‘Acero de Madrid’. Sin duda, resultará más reseñable para el vecindario de Vallecas conocer que este comisario del Quinto Regimiento, amigo de Miguel Hernández en el llamado Batallón del Talento, paseó durante su juventud por los caminos de greda y las canteras que existían alrededor del Cerro Testigo —el Cerro Almodóvar—, donde, inicialmente, este poeta de trinchera allanaría el yeso primigenio de su palabra poética.No se ponen de acuerdo los especialistas en concretar cómo tomó contacto con los integrantes de la  Escuela de Vallecas. Martín Gijón propone que el verdadero cicerone fue Rafael Alberti, que había conocido a Petere veraneando en Cercedilla, cuando el gaditano todavía mantenía su idilio con Maruja Mallo. Sin embargo, otra vía de investigación atribuye a Luis Felipe Vivanco, sobrino de José Bergamín, este descubrimiento de los campos terciarios de Vallecas, con el que Herrera mantenía una afectuosa vinculación desde niños, al haber estudiado ambos en el colegio de El Pilar y, con posterioridad, el primer año de la carrera de Arquitectura.Dejando de lado estas especulaciones, interesa observar la influencia que tuvo este surrealismo telúrico en el origen de la carrera literaria de este hombre bello como un dios, tal y como lo denomina su mujer Carmen Soler en sus ‘Memorias’. Muestra de esta estrecha relación, a finales del 30, nace el dibujo colectivo titulado ‘El hambre de París’, firmado, principalmente, por Herrera, junto a Alberto Sánchez y Luis Felipe Vivanco. En esas mismas fechas, compondrá el texto vanguardista ‘Medicina y amistad’, dedicado al Gran Alberto, el escultor-panadero del Pueblo. Por último, cabe destacar el fuerte apego que le unió a otro de los miembros de la Escuela de Vallecas, el pintor Juan Manuel Díaz-Caneja, pues juntos fundaron la revista ‘En España ya todo está preparado para que se enamoren los sacerdotes’.Herrera Petere y Carmen Soler en el frente de Jaén, 1937. (© Foto: ARCHIVO FAMILIA HERRERA / Vallecasweb.com)Herrera Petere y Carmen Soler en el frente de Jaén, 1937. (© Foto: ARCHIVO FAMILIA HERRERA / Vallecasweb.com)

Miguel Hernández escucha a Petere tocar el acordeón. (© Foto: EL ECO HERNANDIANO / Vallecasweb.com)Miguel Hernández sonríe mientras Petere toca el acordeón. (© Foto: EL ECO HERNANDIANO / Vallecasweb.com)

Alberto Sánchez. Autorretrato. 1950-1952. Óleo sobre lienzo. 116 x 93,5 cm. Colección privada. (© Foto: Vallecasweb.com)Alberto Sánchez. Autorretrato. 1950-1952. Óleo sobre lienzo. 116 x 93,5 cm. Colección privada. (© Foto: Vallecasweb.com)

Años después, tras la cruel derrota y el exilio desgarrador, seguiría recordando la ascendencia de los páramos esteparios de Vallecas en el artículo publicado en la revista ‘Letras de México’, con el título de ‘Cerro Testigo (Sobre el Realismo)’. No obstante, la mayor hondura expresiva de Petere sobre el sentimiento de pérdida de sus raíces, que desborda un aroma amargo de melancolía, pues estaba hecho de sustancia poética, como leyó María Zambrano en el día de su sepelio, la ofrecerán los tres cuartetos que se reproducen a continuación del poema ‘Límites de Madrid‘, perteneciente a ‘Rimado de Madrid’, publicado un año antes de marchar a Ginebra, ciudad que le vio morir lejos de las tierras vallecanas en 1977.

Florece en las terreras el cárdeno tomillo,
el quejigo pardusco, el triste culantrillo;
entre cardos y piedras la tierra adquiere brillo
ardiente y amorosa palidez del membrillo.

Hacia Madrid se abre desnuda maravilla
sin Dios árbol ni nube: la pureza de Castilla;
que desata en los campos la distancia amarilla
y agranda en lontananza la parda torrecilla.

Hablaba de Vallecas con sus campos baldíos
y de un “Cerro Testigo” de mil recuerdos míos,
de trenes en desierto, de llanos labrantíos
donde los hombres abren sus pechos a los fríos.

(*) Vallecasweb quiere agradecer a la Mesa de Cultura de la Villa de Vallecas y el Club de Poesía ViVa su colaboración en la elaboración de este reportaje histórico.

(*) En la imagen que abre esta información, José Herrera Petere junto la portada de su libro ‘Acero de Madrid’. (© Foto: Vallecasweb.com)