«La Escuela de Vallecas: naturaleza. arte puro y atmósfera surreal. 1929-1933» Eugenio Carmona

Las planicies inmensas crean formas, volúmenes, perfiles en rojo vivo recogidos por el plástico que persigue a los pájaros por su coloración…

Formas hechas por el agua y el viento en las piedras que bien equilibradas se quedaron solas…

Formas de vibraciones de hojas de cañas a las orillas de los ríos…

Una forma viva, en la superficie terrosa de una obra mía, quiero que se anime, como el viento saltador en el negro de los arroyos.

El sonido, los olores, los tactos, el viento. Estos cuatro poderosos elementos despiertan el sentido de mi existencia plástica. El surco que abre el arado en la tierra es más plástico, más eterno y encierra más poesía que todo lo que me puedan enseñar los Museos y Academias…

Esculturas de troncos de árboles descortezados del restregar de los toros, entre cuerpos de madera blanca con los huesos de animales antediluvianos…

Estas frases no son fragmentos de poesía creacionista, son definiciones y establecen los parámetros básicos de una poética creadora. Están entresacadas de los escritos que publicaron el escultor Alberto Sánchez y el pintor Benjamín Palencia para acompañar el sentido de la actividad artística de ambos en el cruce de las décadas de 1920 y 1930. En aquellos años, Alberto y Palencia llevaron a cabo un re-conocimiento estético de la naturaIeza agraria llamada a convertirse en una de las aportaciones fundamentales del arte español del siglo XX: la Escuela de Vallecas.